De este movimiento circular ocular continuo.
Del mundo de los sueños.
Del mismo techo blanco, siempre blanco.
De lo no cuantificable en tiempo.
Como si vivir no fuera escribir la ficción en silencio.
Apropiarnos del transito de nuestro sinsentido.
Y detenernos en el segundo en que alguien
nos recuerde que también somos a través de su existencia.
Y ya somos dos.
Siameses telepáticos extrauterinos.
Algún día seré alto y sano.
Y pondré un huevo del que saldrá un aura amarilla.
Y caminaré en calma.
Hasta puede que ría al llorar.
Y me duerma sabiéndome lindo.
Desligado de todos ombligos que ahorcan.
Que atrasan relojes.
Será así como llame a tu laptop.
Para que vengas conmigo.
Virtual o real.
Tu.
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